Y la curiosidad mató

Y la curiosidad mató

Y la curiosidad mató

Era marzo y llovía, la noche estaba cerrada y no se veía la luna, solo nubes, la noche solo iluminada por farolas de luz ambarina, no era muy fría, y ahí estaba yo, en mi ventana, fumando un cigarro, si, hacía tiempo que lo había dejado, pero no tenía intención alguna por volver, pero el cuerpo me pedía una pequeña dosis de nicotina.

A pesar de estar lloviendo, un hombre de mediana edad paso andando bajo mi ventana, tenía un aspecto horrible, como si se hubiese tirado cuesta abajo como los niños solían hacer en el campo cuando se encontraban con una cuesta llena de hierba.

“Valiente estúpido” fue lo que mi cabeza pudo procesar en el momento de verlo andando así bajo la lluvia, pero fue entonces, cuando se volvió hacia mí con una mirada penetrante, la que me hizo tirar el cigarro a medias y cerrar la ventana violentamente, baje la persiana y el estor, y después de unos segundos de recapacitación, empecé a reírme de mi misma. Había sido de lo mas idiota que se podía ser y quizás ese tipo me había tomado por una loca.

Levanté la persiana y comprobé que se había ido, así que me fui a la cocina a calentarme una sopa de sobre, una deliciosa sopa de sobre. Esas eran mis cenas desde que vivía sola. Me senté en un sillón a tomarla y a ver la tele, programas basura que era lo único que se podía ver últimamente en la televisión, así que cuando termine de cenar, me quede durmiendo en el sillón viendo un culebrón, en el que la mala quería matar a la buena, “que raro, no me lo esperaba” pensó mi mente irónicamente.

Pero Morfeo me jugó una mala pasada durante mi sueño, en el que aparecía como un coche me atropellaba y nunca nadie encontraba mi cuerpo inerte. Me desperté sobresaltada cuando la cara de ese tipo de la calle apareció en primer plano en mi sueño, sonriendo con una malévola sonrisa de dientes picados y gusanos saliendo de su boca en una mueca ahora retorcida. Mire el móvil y eran las 2 y 34 minutos, así que me fui a la cama.

Al día siguiente decidí hacer un poco de limpieza, no tenía trabajo, me habían despedido hacia un par de semanas y la cosa iba a peor, mi aburrimiento era tal que cogía el ordenador y en el buscador me aparecía automáticamente la frase “ofertas de trabajo” de las tantas veces que buscaba lo mismo todos los días y así hasta la noche. Esta vez no llovía y también salí a fumar otro pitillo, esta vez al balcón. Había hecho sol todo el día y se podía ver la luna, a la cual le quedaba solo un día para estar llena del todo y allí estaba de nuevo, esta vez no estaba mojado pero llevaba la misma ropa harapienta.

-Buenas noches

Le dije esta vez mientras me miraba, sonrió, la misma sonrisa del sueño, y agacho la cabeza hasta doblar la esquina.

Acabe mi cigarrillo y me fui directamente a la cama, la imagen de los gusanos saliendo de su boca al sonreír, se había apoderado de mi mente y no tenía ningún apetito.

Pero otra vez el mismo sueño, que me hizo estar desvelada hasta bien entrada la madrugada.

A la mañana siguiente me desperté bastante tarde, eran las 12 del mediodía. Sin prisa por levantarme cogí mi ropa y me fui a la ducha.  Una ducha calentita supongo que me vendría bastante bien, quizás una fría me vendría mejor para quitarme todo ese rollo de ese tío de la cabeza, pero me decante por la caliente e incluso llene la bañera, cosa que no me gustaba hacer, prefería siempre tomar una ducha antes que un baño, por lo de la escasez de agua y eso, pero con todo lo que había llovido este invierno, pensé que podría permitirme hoy darme un baño de sales.

Eche las sales al agua y me metí dentro hasta que otra vez me quede dormida, esta vez no soñé nada, mejor para mi. Cuando me desperté, el agua estaba ya fría, me salí de la bañera y me lie en la toalla, me vestí rápidamente, me desenredé el pelo y me prepare la comida, algo más elaborado ya que anoche no había cenado.

Por la tarde salí con unas amigas a tomar café y llegue a casa de noche, me prepare la cena y justo cuando me iba a sentar sonó el teléfono.

-¿Diga?

No hablaba nadie

-¿Diga?

Nada, no había respuesta, colgué y seguí con mi cena, cuando acabe me puse a ver la tele y sonó el telefonillo, seguro que eran mis amigas, al ser viernes, traería alguna película y unas pizzas, descolgué y hable:

-Chicas ya he cenado.

-¿Hoy no sales?

La voz era masculina y grave, parecía hablar en susurros pero se notaba perfectamente que era un hombre.

-Perdón, creo que se ha equivocado de botón, este es el 3ª.

Y colgué pensando solo que sería una equivocación.

Otra vez sonó el telefonillo.

-¿Quién es?

-¿Hoy no sales?

La misma voz, colgué el telefonillo y salí rápida al balcón, allí estaba, paseando como cada noche y esta vez no me iba a quedar con la curiosidad de saber quién era ese tipo.

Cogí las llaves el móvil y me lo guarde en el bolsillo de la chaqueta, no cogí el ascensor y baje corriendo las escaleras, tan rápido, que casi me caigo. Y salí a la calle.

El hombre justo acababa de doblar la esquina, y corrí tras él, pero cuando llegue a la esquina, no estaba, solo pude ver su silueta, cruzando el descampado que había enfrente, así que crucé sin mirar y solo noté un golpe, cuando me levanté, me sentí ligera, como si no tuviera… cuerpo, el que estaba ahora debajo de la rueda del coche y los muchachos que se bajaban, borrachos, se le podía notar, decía cosas como “¿Qué vamos a hacer?” “dejémosla aquí y vámonos, nunca sabrán quien ha sido” se montaron en el coche y pasando por mi cuerpo inerte las ruedas del coche, dejaron tirado lo que había sido mi cuerpo.

Estaba asustada, no sabía qué hacer y volví hacia mi casa, no tenía las llaves, estaban en la chaqueta del cuerpo, y no podía entrar, pero había alguien en la esquina, el tipo de todas las noches, me acerque y entonces pude ver su cara deformada.

Las únicas palabras que me dijo antes de vagar con el por la ciudad buscando almas que llevarnos con nosotros fueron.

-Bienvenida, al final has salido.

Relato Enviado por María Martínez Rodríguez

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Y la curiosidad mato by María Martínez is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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~ por m&m en 26 marzo, 2010.

4 comentarios to “Y la curiosidad mató”

  1. Muy buen relato ^^

    Me gusto y creo que me gustaria leer alguno mas, asi que ya sabes ^^

  2. Me gustó mucho, sobre todo el final que no es nada previsible.

    Ya sabes que soy impaciente asi que quiero más relatos! jajjaja

  3. esta muy bien, me gusto ^^
    nome esperaba que fuese la muerte O.O

  4. muy bueno!!!!realmente m ha encantado!!!mira q a mi no m gusta leer!!!!pero el relato es como un cigarro q una vez q lo enciendes no puedes apagarlo asta q te lo acabas!!!!!!ENORABUENA

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